dimarts, 6 de març de 2007

UNA MASACRE CON DOS JUICIOS

Intoxicar la opinión informativa de la gente con la intención temporal de desviar su atención de otros asuntos, o permanente para dirigir intencionadamente sus voluntades, debería contemplarse como un delito en nuestro código penal. Tal vez ya no lleguemos a tiempo para ello, pero esa práctica se ha establecido en la sociedad como cosa habitual por algunos medios y lo que había empezado como una querencia de amarillismo informativo ha desembocado en una completa manipulación al servicio de los intereses partidistas de un grupo. Este ejercicio les resulta mucho más ventajoso.
Si llegado el caso interesase crear una realidad virtual con la que alimentar intrigas y ensayar tramas, no escatiman medios contra la realidad hasta conseguir desmentirla. Eso demuestra el mucho poder que tienen, siendo capaces de alienar la voluntad humana. Insistirán lo que haga falta hasta implantar el recuerdo de lo que nunca ha sucedido. Así materializan el blanqueo de las mentiras.
Aquel o aquellos que personalmente o a través de terceros, emplease medios públicos o privados intencionadamente, con el ánimo de perturbar, desequilibrar o influir en la voluntad de las personas para transferir engaños mediáticos, debería ser castigado con pena de cárcel y plutonizarse en cualquier remoto lugar por ser un profesional indigno.
He visto con mis propios ojos como han dividido la información sobre el Gran Juicio y sin ruborizarse han noticiado dos artículos sobre la misma crónica, en uno de ellos insinúan con el ánimo de crear confusión, que la trama ETA es la autora factible que no interesa al gobierno y en el otro se pormenoriza que en la Sala declaran miembros de la yihad islámica empujados por el extremismo religioso a que los condujo la decisión de un ególatra desafortunado, que se tenía por ser un infalible estratega mundial.
Ramix lo ha dicho.