divendres, 30 de març de 2007

La Fonda Europa, Granollers

Hacer un establecimiento tan esmerado en el servicio y entrañable en la hospitalidad como la Fonda Europa no se consigue de la noche a la mañana, se ha de haber venido preparando con unos cuantos años de antelación. La tradicional posada de Granollers lleva invirtiendo oficio y sagas de la familia Parellada desde el mismo año de su fundación allá por el 1771.
Es un hotel de solera y tradición familiar, de aquellos de toda la vida, donde antes, cuando las distancias todavía se median en leguas, era parada obligatoria de viajeros y viajantes y luego ya, cuando inaugurada la autopista, ésta comenzó a engullir automóviles como un agujero negro, y descendió el número de los que paraban en la ciudad, lo fue siendo de otros comensales, desde el más humilde rústico al más ilustrado intelectual, sin olvidar que también pasan por aquí nostálgicos hombres de negocios.
En esta aproximación que os hacemos de la Fonda vamos a hacerlo a través del paladar, del sentido del gusto. Del buen gusto. El restaurante, siempre lleno los jueves, día de mercado, y los domingos, día del señor, se ubica en la planta baja del Hostal, a nivel de la calle Anselm Clavé, 1 de Granollers. Dentro se practica una cocina tradicional catalana que sigue la línea de gastronomía popular, ejecutada con la precisión de quien no hace otra cosa desde siglos. Es una gastronomía apta solamente para los amantes de la música clásica, nada que ver con los seguidores del hard, rock, house o tecno. Aquí te hacen una comida sin derechos de autor, de aquella que no tiene Copyright, que está, desde hace mucho tiempo, inventada del todo.
La decoración de la sala grande es especial, de un elegante estilo modernista con un toque sencillo de lujo que no llega a ser opresivo. Nos sentimos cómodos con el espacio vital que tienen asignadas las mesas. Los camareros y el jefe de comedor, Xavier Font, son correctos y amables, lo que se dice unos profesionales clásicos, ¡vaya! En la cocina el maestro Lorenzo Ramos dirige admirablemente la orquesta de los aromas, olores y sabores de unos ingredientes que pronto degustamos emplatados.
Los hedonistas me entenderán si os recomiendo planificar una visita al Europa de Granollers para que sea del todo placentera. No se necesita invertir mucho esfuerzo, es sólo una cuestión de empeño. Proponeos la búsqueda del disfrute desde el mismo momento en que hagáis la reserva, lo prolongáis durante los días de espera, y después, llegado el momento, pedid un rape a la muselina de ajo, o el soberbio cordero a las doce cabezas de ajo, o la exquisita “cap i pota”. Entenderéis a lo que me refiero.
No obstante, si queréis llegar más allá en el Imperio de los Sentidos, os recomiendo la carrillada de ternera con setas, el fricando, o los pies de cerdo con cigalas. También podéis, si sois de una espartana e inquebrantable tradición nacionalista, pedid los canalones con trufa ( el Tuber melanosporum), o las judías del ganxet (Phaseolus vulgaris), o el bacalao de los monjes de Poblet (Gadus morhua).
Con todo lo que hayáis comido, y para aquellos que siempre la anteponen a otras razones, la relación entre las partes de la igualdad calidad/precio, podreis comprobar que ésta es excepcional. Y sin que tengáis que hacer de ello una razón fundamental os diré que vuestra nota oscilará, si sólo eso quereis gastar, entre 25 y 45 €, por comensal. Que lo disfrutéis.