dimarts, 22 de maig de 2007

La ciudad sin tiempo, Enrique Moriel

Me cuestionaba leer el libro “La ciudad sin tiempo” después de la campaña promocional que había lanzado la editorial Destino. Es una referencia para la lectura que nunca me ha dado satisfacciones, pero siendo pecador impenitente volví a dejarme aconsejar por la publicidad mercantilista.
Convengo conmigo mismo, que la novela de Enrique Moriel sobre Barcelona, se ha quedado en intento. En un intento de penetrar en el corazón de Barcelona y de su historia, sin llegar ni a una ni a la otra. Se pretendía, equivocadamente a mi entender, emular el éxito en ventas de la precedente edición de Sant Jordi, la trivial novela “La catedral del Mar”. Si las celebraciones del Día del Libro, han de servir para vender masivamente y conseguir lectores donde no los hay, bienvenidos sean, todos contentos, la economía funciona y en la estadística de las Españas figura que aquí se lee mucho. La repetición de ediciones así lo indica. Otra cosa es lo que pasa realmente en la intimidad de las casas, pero eso ya no le importa a nadie.
Si de lo que se trataba por el contrario, y eso creo que debería pretenderse, es que se lea con calidad y discernimiento, nuestro Ministerio de Cultura debería cambiar el criterio sobre “los filones” y proteger a los lectores de las publicaciones engañosas. Al igual que los electrodomésticos debería establecer un periodo de garantía del libro durante el cual poder devolverlo a la librería cuando el producto no alcanza un mínimo satisfactorio. Cuando se publicita mucho no se garantiza calidad, sino que generalmente se persiguen maxiventas.
Lo mejor de la novela es el seudónimo con el que fueron lanzadas las tres primeras ediciones con 60.000 ejemplares vendidos, antes de revelar que el autor era González Ledesma, pero eso a mí no me aporta nada, andaba buscaba otros contenidos.
Admito que haya alguien a quien le hayan gustado las novelas, en definitiva, lo importante es que se lean.

Ramix

1 comentari:

josep mª ha dit...

Un poco muermo para quien haya leido los pilares de la tierra