divendres, 19 de gener de 2007

LA DEMOCRACIA ALCANZA EL CIELO

“Creo que el día de hoy puede recordarse como “el día que perdimos a Plutón”” Williams College.
Ya desde los años setenta, en esos momentos lúcidos que median entre porro y porro, existía un encerrizado debate sobre el concepto de Planeta. A la luz de nuevos cuerpos celestes que se nos habían mostrado, todas las miradas se dirigían hacia Plutón, preguntándose que hacía aquello vagando por allí entre la aristocracia planetaria exhibiendo con orgullo unos derechos de grandeza que cada vez estaban más devaluados y en algunos casos no alcanzaban a superar las virtudes de los nuevos descubrimientos.
Más allá de esas pequeñas luces blancas, que no alumbran na de na, pero que dicen son tan importantes, parece existir nuestro Universo. Yo cuando lo miro veo lo que me han enseñado entender. En los setenta lo veía con otros ojos y todos poseíamos en nosotros mismos una pizca de planetas. Si, si, veréis, la palabra planeta que etimológicamente nos viene del latín, y éste la había tomado del griego (en aquel tiempo eso se podía hacer sin resultar sospechoso para la SGA), πλανήτης planētēs ("vagabundo, errante"), y de planaö ("yo vagabundeo"), es decir ese aparente movimiento que tienen respecto del fondo fijo de las estrellas; aunque en aquellos años yo sigo diciendo que se movían todas.
Hemos de remontarnos a la antigua teoría geocéntrica para saber que veían nuestros antepasados en el firmamento y entender todo ese galimatías celestial. Haciendo cuentas, y sin temor a equivocarse, a simple vista, ellos, de pie sobre la Tierra, sólo veían moverse siete cuerpos astrales, el Sol, la Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno.
Más tarde el canónigo, hijo de albañil nacionalizado polaco, Niklas Koppernigk, en español léase Nicolás Copernico, se atrevió en 1543 con su obra “De Revolutionibus Orbium Mundi”, y quedó establecida la teoría heliocéntrica, que tenía sus precedentes en la de Aristarco de Samos. Aquello fue la hecatombe y la Tierra, Luna y el Sol perdieron su condición de planetas. Sólo quedaron seis cuerpos dentro de esa categoría.
En 2006 la Unión Astronómica Internacional propuso redefinir el estatus planetario y la forma original que tomó la definición hubiese tenido que incluir en el grupo a Ceres (1801), Caronte y el reciente UB313 (2003), todavía sin nombre pero apodado Xena en honor al personaje de ficción, y a otros 12 cuerpos clasificados también como planetas. La definición no superó los encuentros de astrónomos internacionales que hicieron tabla rasa estableciendo el día 24 de agosto lo siguiente:
Un planeta es un cuerpo celeste que:
1)Gira alrededor del Sol
2)Tiene suficiente masa para que su gravedad supere las fuerzas del cuerpo rígido, de manera que asuma una forma en equilibrio hidrostático prácticamente esférica.
3)Ha limpiado la vecindad de su órbita

Esos nuevos cuerpos aún cumpliendo con los dos primeros puntos, no superan el tercero y así se votó democráticamente ese 24 de agosto de 2006.
Y empezó la guerra. ¿Quienes?. Los norteamericanos, ¿quien sino?. Resulta que Plutón es el único planeta, perdón, cuerpo enano, descubierto por uno de ellos, Clyde William Tombaugh, y la American Dialect Society ha decidido, también democráticamente, que la palabra del año sea “To Pluto/be Plutoed”, (Plutonizar/ser platonizado), por lo disgustados que están con la comunidad astronómica internacional por excluirlo de la lista de cuerpos mayores del Sistema Solar.
A la anglopalabreja, plutonizar/ser plutonizado, se le da allí el significado de devaluar o degradar a alguien o a algo.